a luifer
-Hay alguien arriba.
-Nadie. A esta hora nunca hay nadie.
-Hay alguien, alguien está respirando, puedo sentir la respiración de una persona, de un hombre.
-Nunca hay nadie arriba. Debe ser el viento.
-No hay una gota de viento. ¿Por qué la gente dirá una gota de viento, como si el viento fuera agua?
-O vino.
-¿Cómo?
-Vino. Como si el viento fuera vino.
-Sinceramente, me resulta más fácil pensar en el viento como agua que como vino.
-No veo la diferencia. Las dos cosas son absurdas, como repetir que hay alguien arriba, un hombre que está respirando, cuando a esta hora nunca hay nadie. Debe ser el viento.
-No corre una brisa, basta con mirar afuera.
-No quiero mirar afuera, no tengo ganas de mirar a ningún lado. Por otra parte, tampoco tiene ninguna importancia que haya alguien arriba, un hombre que respira o una mujer o un hombre y una mujer haciendo lo que se les antoja.
-Hacer lo que les antoja tiene una sola interpretación. Un hombre y una mujer que hacen lo que se les antoja, eso quiere decir que están haciendo el amor. Entonces, lo primero que se escucha es la respiración del hombre.
-¿Por qué lo primero que se escucha es al hombre? Perfectamente podría ser la respiración de la mujer.
-Los hombres son más desaprensivos.
-¿Eso que tiene que ver? De todas maneras, es indiferente. Un hombre, una mujer; también podría ser la respiración de los dos. Juntos, a la misma vez, quiero decir.
-Arriba hay alguien. Hace un momento escuché la respiración de un hombre.
-Una amiga me contó que después de haberle sido fiel toda la vida a su marido, se decidió a hacer el amor con otro hombre. Apenas se instalaron en el hotel, y cuando ya estaban por acostarse, suena su celular. Atiende mientras el hombre se desnuda y se mete entre las sábanas y se arrima a ella. El hijo la llama desde la casa preguntándole a qué hora va a llegar. "En media hora estoy allí", le contesta, "quedate tranquilo. En media hora estoy allí. Preparate la comida. Yo ya voy." Deja el celular sobre la mesa de luz, también se desnuda, se abraza a ese hombre equívoco o justo, vaya a saber, del que se está enamorando perdidamente. Hacen el amor. El hombre le dice que es suave y tibia, y se disfrutan. Cuando regresa a su casa, el hijo le cuenta que alguien había llamado mientras él había salido unos minutos hasta la casa de un amigo, y que había dejado grabada su respiración en el contestador. Cuando ella retrocede la cinta y escucha, se da cuenta de que esa es la respiración del hombre con el que había hecho el amor minutos antes, que obviamente no había apagado su celular y que, por alguna razón que no llega a entender, se había activado el contestador del teléfono de su casa. Pasa toda la noche escuchando una y otra vez la grabación, los jadeos disneicos del hombre que ha empezado a amar y del que, por fin lo entiende de modo concluyente, deberá separarse a menos de terminar con su matrimonio.
-Eso es imposible.
-¿Qué es imposible?
-Que haya sucedido eso con el celular y con el contestador del teléfono de su casa.
-¿Por qué es imposible?
-Se me ocurre otra versión. A ella la sigue su esposo y la descubre en un bar donde se ha encontrado con su amante un rato antes de ir al hotel.
-El esposo no estaba en el país. Se había ido a Miami a un congreso médico. A un congreso de nefrólogos. Por eso mismo ella había decidido acostarse con el otro.
-No importa. Esta es otra versión. Mi versión. El esposo duda. No quiere aparecer en escena y los observa durante largo tiempo desde la calle. Ella y el amante beben dos o tres whiskies cada uno. Si es cierto que es la primera vez que va a ser infiel, supongo que necesitará algunos tragos para tomar su resolución definitiva. Después, cuando salen, él los sigue unas cuadras hasta que los ve entrar en el hotel. Entonces regresa al mismo bar donde los había visto, pide una copa y desde allí llama a su casa. Espera que le responda la voz de su mujer que está grabada en el contestador. "En este momento no lo podemos atender", "no hay nadie en casa; deje su mensaje", esas cosas. Jadea. Vuelve a su mesa. Bebe hasta emborracharse. ¿Por qué una mujer que ha sido fiel toda la vida se acuesta de pronto con otro hombre?
-¿Por qué "de pronto"? Es obvio que no era "de pronto", que tomar la decisión de acostarse con otro le había llevado muchísimo tiempo. Por otra parte, el marido no estaba, había viajado a Miami. Además, me resulta imposible pensar en un nefrólogo parado en una esquina espiando a su mujer y a otro hombre. Esa segunda versión es imposible.
-¿Por qué imposible? ¿Por qué un nefrólogo no puede espiar a su esposa que está a punto de engañarlo con otro? ¿Qué debería hacer un nefrólogo? ¿Estar todo el día con un riñón en la mano y preguntarse "soy o no soy"? Todo el mundo se acuesta con otro. Hoy el adulterio es una variable positiva.
-Opinión categórica. Todas tus opiniones son categóricas. Hay alguien arriba, no hay viento, las gotas de viento no pueden ser de vino.
-Es obvio: cuando hay viento, generalmente hay tormenta. Es más fácil relacionar una ráfaga de viento con un temporal y con la lluvia que con una botella de vino.
-Todo es relativo. Todo es justificable.
-Una vez leí que hay personas genéticamente monógamas.
-Esa sí que es una buena coartada. Ahora todo se explica genéticamente. Los genes han sustituido la idea que los griegos tenían del destino. Los genes son como las moiras: misteriosos, arbitrarios. Y los médicos son como los dioses antiguos: estos les tenían miedo a las moiras, aquellos les tienen miedo a los genes. Cada cosa que no pueden explicar, la resuelven con un gen.
-Genéticamente monógamo, genéticamente polígamo. Ya encontrarán el gen de la infidelidad y hasta quizá lo puedan modificar en plena infancia, incluso en el mismísimo vientre materno; entonces mi amiga no deberá pasar toda la noche escuchando los jadeos de su amante en el contestador del teléfono.
-Si el marido estaba fuera del país en un congreso de nefrología, de pronto fue alguien que la estaba siguiendo, quizá por encargo del propio marido.
-¿Para qué habría hecho esa llamada?
-Para asustarla. Para advertirle que la estaba siguiendo.
-Ella sostiene hasta el día de hoy que la respiración era de su amante, aunque después borró la grabación.
-A ella le gustó pensar el asunto de ese modo, y escuchó toda la noche ese jadeo sin saber de quién era porque quería seguir acostada con su hombre, porque eso le permitió seguir pensando en él toda la noche.
-Esa es una imagen promiscua. Una imaginación promiscua.
-¿Eso es la promiscuidad? Promiscuo es que ella engañara al esposo.
-Una gota de agua o una gota de vino. Es un debate gratuito. Bizantino, dirían los eruditos. También podría decirse una gota de luz o una gota de oscuridad o una gota de rencor. Y daría exactamente lo mismo que fuera de agua o de vino.
-El vino mancha. El vino es indeleble, como el adulterio. El agua no mancha, como la fidelidad.
-¡Shh! Hay alguien arriba. Hay un hombre respirando.
-A esta hora nunca hay nadie.
-Sí, hay alguien. A esta hora puede haber alguien en cualquier cuarto.
-Todo lo que hay a esta hora es furtivo.
-Fortuito.
-Es lo mismo. Furtivo, fortuito. ¿Hay alguna cosa para toda la vida? Nada dura más que la vida entera, pero no hay nada dentro de ella que sea capaz de durar toda la vida.
-Genéticamente fortuito o genéticamente definitivo. Alguien previno a Zeus de que se cuidara de las moiras. Él no lo hizo, por supuesto. Zeus padecía la arrogancia de ser el dios de todos los dioses, el dios supremo. La vanidad de todos los hombres en el cuerpo breve de un dios.
Afuera no hay viento. El sol da con suavidad sobre el acrílico de los balcones, contra el cristal espejado de las ventanas. En las ventanas hay imágenes ajenas, otros árboles, otros cielos. Salen, se ubican entre las macetas, se toman de la baranda y miran hacia arriba, hacia la habitación del balcón verde. No hay nadie.
-Buenas tardes -saludan casi al unísono cuando ven a la pareja de ancianos sentados en el balcón de la derecha.
Parece como si los viejos hubieran estado allí, juntos, todo el día, toda la vida.
-Buenas tardes –les contestan.
No se mueven.