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SUPLEMENTO DERECHO MEDICO
ENTRE LAS ACTIVIDADES PERSEGUIDAS POR EL SINDICATO MÉDICO DESDE SUS INICIOS Dr. Antonio Turnes Agradezco a los organizadores de esta Jornada, por el honor de invitarme a participar con una presentación para ustedes, de algunos aspectos que procurarán dar algunos pantallazos sobre lo mucho que ha hecho el Sindicato Médico del Uruguay a favor del ejercicio legal de la profesión. Y también de lo que se ha hecho, antes y después de su fundación, por combatir las formas ilegales del ejercicio, el intrusismo, el curanderismo y el charlatanismo. IntroducciónVamos a ocuparnos de dar un repaso de las actividades desarrolladas en el Uruguay, por el Sindicato Médico, en defensa del ejercicio profesional de la Medicina por aquellas personas legalmente autorizadas, y de la persecución y denuncia de quienes al margen de la ley realizaban o realizan -aun en la actualidad- actividades en esa materia. También pasaremos ligera revista a algunos antecedentes de curanderos, intrusos y otros incursionadores en el arte de curar, registrados en nuestro territorio, a lo largo de la historia, para tener una visión más amplia de lo que ha sido este fenómeno cultural vinculado al desarrollo de nuestra población y de nuestra profesión. DefinicionesAlgunas definiciones previas nos ayudarán a comprender mejor cuanto iremos viendo. El Diccionario de la Lengua Española, editado por la Real Academia de la Lengua Española, Vigésima primera edición de 1992, establece los siguientes conceptos: CURANDERISMO: Intrusión de los curanderos en el ejercicio de la medicina. CURANDERO/RA: Persona que, sin ser médico, ejerce prácticas curativas empíricas o rituales. Por extensión persona que ejerce la medicina sin título oficial. INTRUSISMO: Ejercicio de actividades profesionales por persona no autorizada para ello. Un estudioso uruguayo, de jerarquía internacional, el doctor Héctor Brazeiro Diez, médico, miembro de la Sociedad Uruguaya de Historia de la Medicina, y de la Sociedad Argentina de Antropología e Historia, en su libro Supersticiones y Curanderismo, editado en 1975, establece estas otras definiciones: (1) CHARLATANISMO: "Es la máscara dorada de la Medicina. Curanderismo en sus apariencias, el charlatanismo no lleva el fin sincero de curar o beneficiar, si no el de embaucar. El curandero que es el personaje que se confunde con el charlatán es más noble, difiere en su afán de consolar y de hacer el bien. CURANDERISMO: Es la forma más primitiva del arte de sanar y también la más permanente. Mezcla de empirismo y de magia, su caudal dialéctico crece continuamente con los residuos que la ciencia médica echa al olvido. Un poco de historia antiguaIsidoro De María, nuestro ilustre cronista, describe en un pasaje de su relato "El Barbero de Antaño 1804-1830" (2) algunas de las tareas llevadas a cabo por estos personajes en época de la Colonia. Refiriéndose a las tareas de los barberos nos dice: "El negocio era poco con las barbas, y eso que tenían que hacerla incluso el bigote, porque en aquel tiempo nadie lo usaba, sino los militares; y por supuesto, la barba cortada y no entera, que no era de uso. Lo que más le producía era la lanceta, porque las sangrías estaban en auge en el sistema curativo, y el barbero sangrador sacaba siquiera provecho en eso del oficio, tanto más cuanto que entonces no habían aparecido en escena las sanguijuelas de ninguna clase, ni aún las vestidas y calzadas, para chupar la sangre al prójimo, que conocerán ustedes fresquitas, según las crónicas de más moderna data." José Pedro Barrán, en su obra El poder de curar, primer volumen de la serie Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos, (3) establece que desde el siglo XVIII, con la instalación del Protomedicato en el Virreinato del Río de la Plata, sólo tenían derecho a curar cirujanos y médicos. No obstante lo cual, ya en 1797, "para aliviar a los habitantes de la campaña", el Protomedicato autorizó a los curanderos a ejercer bajo ciertas mínimas condiciones. Comenta este autor que "en la realidad, todos ejercían el poder de curar. Los médicos con títulos europeos o bonaerenses, por supuesto, que no siempre esos títulos garantizaban largos y sesudos estudios". Y pone como ejemplo el caso de Joaquín Canabal, primer Presidente del Consejo Nacional de Higiene en 1895, nacido en Montevideo en 1860, estudiando en las Facultades de Santiago y Madrid y revalidado su título de Profesor de Medicina y Cirugía en marzo de 1880, a los veinte años de edad. En 1862, decía el médico francés Adolfo Brunel: "En Montevideo es médico el que quiere, el diploma no tiene importancia, y el campo está abierto a todos, y se precipitan a él, lo mismo el aventurero que el sastre, el sacerdote que el carpintero. La puerta está abierta al charlatanismo más desvergonzado, y casi siempre la opinión pública ve con malos ojos toda tentativa que tenga por objeto el perseguir a los medicastros". El Consejo de Higiene Pública, ya en 1830, hacía una relación de los profesores de los diversos ramos del arte de curar, habilitados o examinados por él, integrado por 12 "profesores de Medicina y Cirugía", tres "profesores de Medicina", un solo "profesor de la Cirugía mayor o Cirujano de primer orden", seis "profesores de Cirugía auxiliar y menor o Cirujanos de segundo orden", y dos "parteras". Se establecía entonces, jerarquía entre los titulados. Esos cirujanos de segundo orden, posiblemente se asimilaran a los oficiales de salud, prácticos mediocres con derechos restringidos que funcionaron en Francia hasta 1892, o a los médicos de aldea españoles. Don Domingo Ordoñana, fundador de la Asociación Rural en 1871, gran estanciero y cirujano práctico en los ejércitos oribistas del sitio de Montevideo, fue uno de los integrantes de ese personal de segunda. El 30 de setiembre de 1869, escribió a Lucio Rodríguez, Presidente de la Comisión Central de Inmigración, acerca de la necesidad de formar en el país "cirujanos baratos, de estudio sencillo (para curar) las regiones de los pobres" y de esa manera evitar el curanderismo de mala ley. Con lo cual estaba defendiendo su propio oficio. Lucio Rodríguez, el 19 de noviembre del mismo año, le respondió en un todo de acuerdo; los estudios durarían dos años y se harían en el Hospital de Caridad de Montevideo: "ya tenemos abogados. Empecemos a formar médicos", añadió con sabiduría. También en esa época los farmacéuticos curaban, mucho más que hoy. En Montevideo los farmacéuticos, en el Interior ellos y los dueños de los "botiquines abiertos al público" en pulperías o zonas alejadas, aconsejaban tratamientos, recetaban medicamentos o lo que hacía las veces de tales, y hasta realizaban pequeñas intervenciones quirúrgicas. Menciona Barrán que a nadie espantó que el General Juan Antonio Lavalleja en 1825, designara al boticario de la zona del Pintado, en Florida, Pedro el Chiquito, "cirujano" del ejército patriota, y todos comprendieron cuando, ya en plena consolidación de "la clase médica" en 1908, el Consejo Nacional de Higiene admitió que "los negociantes rurales establecidos a 25 kilómetros por lo menos de cualquier farmacia" fueran autorizados para "vender medicamentos de uso vulgar". Había también flebótomos que sangraban y ponían ventosas; los párrocos a quienes el Presidente Fructuoso Rivera propuso como vacunadores oficiales en 1831; los barberos que hacían de dentistas, o mejor dicho, realizaban extracciones dentarias. Los homeópatas e hidrópatas hicieron también su irrupción, sintiéndose como misioneros de una nueva verdad, denunciando a los médicos alópatas por recetar dosis enormes de "venenos" con el nombre de medicamentos, predicando como nuevos apóstoles, el evangelio del retorno a las curas naturales, las únicas hipocráticas en su entender. La homeopatía tenía un arraigo tan importante, que incluso un alto miembro del clero montevideano, y diputado en las Cámaras en época de Santos, entre 1882 y 1888, monseñor Santiago Estrázulas y Lamas, predicó y abrió un consultorio concurridísimo que fue autorizado por la autoridad sanitaria. En 1864 el gobierno admitió que los médicos homeópatas preparasen y vendiesen sus propios medicamentos. Y en 1881, la ley impuso a la Facultad de Medicina instalar una Cátedra de Homeopatía. Siguiendo a Barrán en estos pantallazos, debemos consignar que había curanderos y curanderas, ya que el poder popular de curar no hizo distinciones de género como sí las hizo durante todo el siglo XIX el poder de curar científico, que era masculino. Recordemos que la primera mujer médica egresada de nuestra Facultad fue Paulina Luisi, en abril de 1908. Dice nuestro historiador que algunos de dichos curanderos llegaron a ser respetados por los médicos sin soberbia, que también había. En 1869, Domingo Ordoñana elogió a los curanderos "inteligentes" que "por sus relaciones con los aborígenes, sabían que el guaicurú, el guaicururú, el guaicuruzú, la yerba del mate, la papilla y mil otros arbustos y cortezas de árboles, tenían indisputablemente aplicación oportuna en muchas enfermedades. Los partos, cuando no eran "naturales", se atendían con las "comadronas", ya que en la opinión del común, "cualquier mujer que haya pasado por ese trance puede ayudar a salir de él". Había curanderos en todas las clases sociales y en todas las regiones del país. En Montevideo fueron denunciados por la Sociedad de Medicina Montevideana, en 1853, señalando que "bajo el nombre de físicos o de curanderos asisten a una multitud de enfermos". Y el médico francés afincado en nuestra ciudad, Adolfo Brunel, confirmó el juicio en 1865, y lo hizo extensivo al interior: "muchas ciudades están infestadas de charlatanes que prodigan el veneno y la muerte. Los hombres que ejercen ilegalmente la medicina se encuentran en todas las clases de la sociedad". Algunos personajes, incluso incorporados al nomenclator de Montevideo, fueron curanderos destacados. Manuel de Araucho, poeta, capitán en Ituzaingó y coronel de caballería, atendía y elaboraba él mismo medicinas en 1836, en la calle de San Pedro. Manuel Vicente Pagola, Jefe Político de Montevideo, entre 1839 y 1840 bajo la segunda presidencia de Fructuoso Rivera, era muy conocido por sus aficiones de curandero y en 1837 había prologado una nueva edición del célebre recetario del "doctor Mandoutti". -------- Según Brazeiro (4) el curanderismo es oficio del curandero, del latín: curantur: curador. Este personaje tiene ubicación histórica, porque hay antecedentes del Cabildo de Buenos Aires, en 1784, autorizándolos en aquellos lugares de la campaña donde no hubieran médicos. Algunos curanderos, afirma Brazeiro (5) se rescataron para la Historia por el lustre de sus enfermos, así nos llegó el pardo Bartolo Silva, vecino de Melo, cuyo rancho junto al arroyo Conventos se conserva, sólo porque allí murió Rivera, que se confió a sus manos en sus últimos momentos. En otra parte (6) narra que un médico rural correntino afirmó que "la superstición viene del campo, entra por la puerta de servicio y sube a todos los niveles, sociales y políticos. Por ejemplo, el "divino" Penadés que atendía a don Juan Lindolfo Cuestas, o Tránsito López, el soldado paraguayo que asistía al presidente Tajes "a salivazo limpio". En Montevideo, por 1850 la Junta de Higiene autorizó al sacerdote y médico homeopático y filántropo don Santiago Estrázulas y Lamas a ejercer la Medicina homeopática, que había aprendido en una escuela de Rio de Janeiro. Esto confirma la información aportada por Barrán. Este serio competidor de los médicos llegó a atender en su consultorio gratuito de la Unión hasta 800 personas mensuales, a las que prodigaba además de sus glóbulos homeopáticos, cucharadas de aceite de hígado de bacalao, de reciente invención. En 1898 mereció el recuerdo de don José Batlle y Ordóñez, quien narró al doctor Giúdice, uno de sus biógrafos, que había sido asistido por él cuando niño, porque era como un médico de familia en aquel Montevideo del siglo pasado y agrega: "fue el único Cura que recuerdo". De paso, menciona Brazeiro, que en cuanto a la práctica de la Homeopatía, el Ejército Nacional no se quedaba atrás. Fue una valija homeopática la única medicina militar de que dispuso el coronel León de Palleja para los 2000 orientales confiados a su mando cuando la Guerra del Paraguay, la que le fue enviada desde Paysandú cuando mediaba la campaña. Estos procedían de Perú, y se les vio por estas latitudes hasta 1890. Luego la explotación de los bosques en su país, les dio ocupación allá. Y estancieros los hubo en muchos sitios, dedicados a estos menesteres. Barrán menciona a uno que tuvo renombre como curandero, don Pancho Cabrera, paisano canario que tenía su "estancita" en las costas de Arias, departamento de Florida, uno de cuyos pacientes era el general Melitón Muñoz. Brazeiro cita al Gaucho Santo, don Pancho Sierra, famoso curandero de la provincia de Buenos Aires, de los pagos de Pergamino, aunque educado en el colegio del español Rufino Sánchez en Buenos Aires, hombre que supo tener sus rarezas de carácter y de conducta. Aislado en la estancia heredada, "El Porvenir", en la localidad de Rojas, Provincia de Buenos Aires, fue un excéntrico y delirante místico, curandero generoso y sano que dejó abundantes discípulos. Era un "hidrópata" porque todo lo curaba con un vaso de agua de su aljibe, o en una botellita del agua de la palangana donde metía su mano santa, para ser bebida en ayunas. Falleció en Buenos Aires el 4 de diciembre de 1891, en brazos de su esposa, María Salomé Laredo, la famosa Madre María, continuadora de su obra, y responsable de su extensión a la Banda Oriental. Pancho Sierra, el "Doctor del Agua Fría", murió asistido por médicos en Buenos Aires. La Madre María, le sobrevivió hasta 1929, en que falleció a los 73 años. Aquí hagamos una pequeña disgresión sobre la Madre María (María Salomé Laredo), que había nacido en 1855 cerca de Santiago de Compostela, en Galicia, emigrando a América a los 14 años. Viuda por dos veces y madre de tres hijos, casó con Pancho Sierra, quien le había predicho que sería viuda, no obstante, por tercera vez. Luego de la muerte de Pancho Sierra, en 1891, continuó su obra, enlazando a los discípulos sembrados por la Provincia de Buenos Aires, un territorio geográficamente mayor que la totalidad del Uruguay, por Tres Arroyos, Junín, Bahía Blanca, La Plata. Finalmente, intentó afincarse en la Capital Federal, impidiéndoselo la Policía Federal, ante lo cual se arraigó en Temperley, Provincia de Buenos Aires, al sur de la capital, donde desarrolló su obra futura. En el Uruguay surgieron diversas impostoras que tomaron su nombre, luego de su muerte, a falta de una "propiedad legal" que lo registrara; pero su auténtica seguidora fue la señorita Venancia Villegas, a partir de 1915, en el Durazno. Esta dama, denominada por sus adeptos "la Señorita del Bien", en su día fue denunciada por el doctor Nicolás Casatroja, de Durazno, (graduado en 1901), por ejercicio ilegal de la medicina. En efecto, la dama lo practicaba en Florida, Flores y Paso de los Toros. Pancho Sierra dejó discípulos hasta muy entrado nuestro siglo. La última detectada fue su discípula curandera, doña Gumersinda Espino de Adamucci, una octogenaria que hacía curanderismo en Buenos Aires, amparándose en un retrato del Gaucho, detenida por la Policía Federal en 1967. -------- Breve perfil del curanderoSiguiendo a Brazeiro (7), al curandero lo vemos como personaje rural, y lo es por sus antecedentes históricos, luego se vuelve suburbano, pero queda vinculado a la campaña de donde viene por sus procedimientos. El físico y muy especialmente la personalidad del individuo influye en este oficio. Mejor se desempeñará como santo o saludador (porque da salud), quien tenga alguna deformidad física. Así son acreditados los mellados, los tuertos, los cojos, también caben los "simples" que es como la gente llama a los débiles mentales y a los esquizofrénicos. ¿Quiénes van al curandero? Esquematiza Brazeiro (8) seis grupos: El modus operandi del curandero Dice Brazeiro (9) que al curandero le oímos términos ya abandonados por la medicina, si es que alguna vez se usaron, cuando ya no olvidados del todo. Muchos mueven a risa. Le oiremos hablar de "enfermedades de la orina", o de "enfermedades de la madre", o del "padrejón", o referirse al "nudo de los nervios", o al "frío en el pulmón", o al "fogage en el estómago", o al "pecho cerrado o al pecho abierto", "callo, pomo risipela", o al "empeine", siguiendo con "pasmo", "pasmo real, almorranas, mal asiento, empacho, pasmo de agua, culebrilla", terminando con "daño", "mal de ojo" y "ligadura". Otras veces se refieren a órganos vagos, mal definidos, pero todos estos términos, no comprometen a nada, ni arriesgan un diagnóstico, pero satisfacen el deseo de saber. El pasmo, por ejemplo, es la idea de un proceso detenido en su evolución. Infeccioso o no, pero detenido, porque se ha metido una causa que torció o detuvo la marcha. "Agarra pasmo una herida cuando se expone al frío". "Agarra pasmo una espina, cuando después de escarbarse con el cuchillo el paisano la abandona y se reintegra a sus tareas". Agarra pasmo y la mano se le amanece hecha un bofe. "Agarra pasmo una postema (flemón dentario), cuando nos exponemos al sereno de la madrugada y se nos hincha el carrillo". (10)
Empieza el curandero por indicar reposo, mucho reposo: "la mano al pecho y la pierna al lecho", decía el Ñato Acuña, curandero mentado de la Villa Vieja de la Florida, auténtico "colla" (11). Abrigo, mucho abrigo y té de abrojo. Cuando no parece bastar con un carguero de trapos, añade cataplasmas de lino, de pan con leche, de huevo, de polenta, etcétera. Estas cataplasmas de polenta son especiales para las almorranas pasmadas. Y siguen en su búsqueda de curación. Siempre en la cocina, donde está la farmacia del curandero, buscan lo que aparentemente da más alivio, grasa, enjundia de gallina, unto sin sal, jabón, aceite frito. En tanta variedad suelen tropezar con algo útil, asegura Brazeiro. ¿En qué proporción se usan estas cosas? Ninguna proporción, a ojo. Porque el curandero no dosifica por gramos ni aún por pulgaradas como nuestros antepasados, sino por vintenes (¡si será vieja la referencia!), para ser mejor entendido por las gentes, porque así compran (compraban en la época de almacenes y pulperías) los pobres, los fideos, la yerba y el azúcar, etcétera. Hacer una referencia, aunque fuera apretadamente sintética a la magia, recurso principal de la curandería, sería apartarnos largamente de nuestro propósito de hoy, y daría casi como para ocupar una reunión semejante a la que estamos celebrando, en su duración y organización, porque así de complejo sería su estudio. Tenemos variados autores de nuestra tierra que se han ocupado con detenimiento y jerarquía de estos menesteres. -------- La influencia de la medicina guaraniticaEntre las valiosísimas aportaciones que hizo a la Historia de la Medicina de nuestro país y de la región, el doctor Rafael Schiaffino, (quien fuera uno de los primeros Secretarios del Comité Ejecutivo del Sindicato Médico, y por más de dos décadas Profesor de Higiene y Medicina Preventiva de la Facultad de Medicina) figura un original artículo titulado "Los curuzuyaras - Los médicos indios" (12). Allí explica que desde los primeros tiempos de las reducciones trataron los misioneros jesuíticos de buscar auxiliares entre los indios para que los ayudaran en sus múltiples y diversas tareas, porque no era posible que dos padres pudieran atender personalmente, todas las necesidades de pueblos de 3.000 a 5.000 almas. Al principio, dice Schiaffino, los padres, más tarde, cuando los hubo, los coadjutores, que hacían de médicos en las reducciones, eran los destinados a la enseñanza de las funciones profesionales de los practicantes indios, los Curuzuyaras. Para ello tomaban generalmente tres o cuatro indios de cada pueblo y desde niños les enseñaban el tratamiento de las diversas afecciones, los cuidados a darse a los enfermos, y la preparación de las medicinas. Y estos Curuzuyaras adquirían no sólo los conocimientos que los jesuítas les impartían, a través de una enseñanza rigurosa que lamentablemente no llegó hasta nosotros en su conocimiento detallado, sino que también incorporaban las viejas tradiciones de sus médicos, y los aportes que con sus condiciones personales alcanzaban. En este proceso se dio que los indígenas, lejos de recibir las instrucciones de los padres, eran, al contrario, quienes a ellos enseñaban el conocimiento y las propiedades de las plantas medicinales. Así, al principio del siglo XVIII, el más sabio de los hermanos médicos de la Compañía de Jesús, Montenegro, confiesa sin rubor por repetidas veces cómo en un gran número de yerbas, llegó al conocimiento, gracias a los Curuzuyaras más distingidos de los pueblos. El Padre Dobrizhoffer, que mucho conoció la vida de las reducciones guaraníticas, afirmaba en sus escritos: "Es increíble, dice, lo bien cuidados que están los enfermos en los pueblos guaraníticos. Un cierto número de indios más o menos crecido, según el número de sus habitantes, está destinado a la asistencia de los dolientes. Poseen aquellos algunos conocimientos de hierbas y de remedios comunes; sin embargo no les está permitido el usar ninguna medicina sin consultar previamente al misionero; llevan un báculo con una cruz en sus manos. Es su misión recorrer el Pueblo y visitar a los enfermos" (unos treinta más o menos por día). El mismo Dobrizhoffer, nos dice cuales eran los remedios que preparaban los Curuzuyaras bajo la dirección de los Padres, declarando previamente "que nunca tenían más que una escasísima provisión de drogas". En los casos corrientes los más usuales eran el azufre, el alumbre, la sal, el tabaco, el azúcar, la pimienta, la enjundia de gallina, la grasa de tigre, de buey, de carnero, etc., y pólvora. Apenas pasaba un día, agrega, sin que alguno pidiera una u otra de estas substancias. Fuera de estos simples tenían siempre prontas tres calabazas llenas de ungüentos compuestos, una de ellas con uno verde, hecho con sebo y veinte hierbas distintas y las cortezas de árboles famosos por sus virtudes medicinales. No nos dice el contenido de las otras dos, pero no podemos dejar de recordar el célebre bálsamo de los Jesuítas, tan conocido en toda la época colonial, en nuestras ciudades, cuyo principal producto era el Aguaraibay; bálsamo cuya invención atribuyen a Azara y otros cronistas al Padre Asperger y como luego veremos lo describe Montenegro en su obra, muchos años antes de la venida de aquél, sin atribuirse la paternidad de la fórmula, seguramente anterior. De origen indígena era toda la vasta farmacopea natural, no así en la enumeración de Dobrizhoffer, los productos de la medicina de su época, propios de los curanderos y de los soldados, como la pólvora, la sal, el azufre y el alumbre que los indios no conocían y las grasas de carnero, de buey y de gallina, animales traídos de allende los mares. El mismo Dobrizhoffer excluye en su lista la mayor parte de los productos vegetales, que se empleaban a diario, como refiere en otras versiones, tal como lo veremos más adelante; y otros procedimientos usuales, como las sangrías, las enemas, la pequeña cirugía, etcétera, a cargo de los mismos Curuzuyaras. Especiales elogios dejó el Hermano Montenegro para el Indio Clemente, quien a principios del siglo XVIII actuaba de Curuzuyara en el pueblo de Santo Ángel en las Misiones orientales, luego de haber ejercido por muchos años un cargo semejante en la reducción de la Concepción. Gozaba el indio Clemente de la más alta reputación como conocedor de las plantas indígenas y como el más hábil en aplicarlas para las diversas enfermedades de los naturales. El más competente de los herboristas de las Misiones y su primer médico, el Hermano Montenegro, lo elogia de esta forma: "Es el único indio que hallo en todas las doctrinas, que tenga conocimiento de yerbas y sepa usar de ellas con prudencia y acierto, del cual me aseguré del nombre verdadero de muchas yerbas y palos, por la variedad que hallo en varios pueblos entre los Curuzuyaras e indios capaces". Y Dobrizhoffer nos pinta las condiciones del Curuzuyara, de la reducción de San Joaquín, el indio Ignacio Yaricá, que llevaba ocho años de médico asistente, cuando lo conoció el escritor y médico jesuíta, "y cuya destreza y éxito no podía menos de admirar". Su especialidad era la cura de las fracturas y luxaciones "él componía o ponía en su lugar un miembro roto y lo curaba enteramente por medio de un vendaje con cañas y cuatro hierbecillas". Sin duda, de la sabiduría de estos indígenas, trasmitida de generación en generación, y a pesar del mestizaje, llegaron hasta nuestros curanderos muchos de los conocimientos que aún aplicaron en nuestro siglo. La supersticiónBrazeiro, que de todo este amplio temario se ha ocupado como ninguno entre los médicos uruguayos, la define (13) como la corrupción del auténtico pensamiento religioso razonado, pero mezclado con la Magia. Y afirma que las supersticiones criollas derivan de las europeas con escasos recursos propios. A veces los matices locales son muy acentuados y cuesta admitir su origen foráneo. Pero en mayor o en menor grado, todas las supersticiones con que tropezamos son importadas. No hay ninguna nacida acá, afirma con propiedad. Hace este autor, un pormenorizado examen de muchas de ellas, las más comunes entre nuestra gente de campo, y muestra con elocuencia, que algunas de las supersticiones parecen nacidas en España, en la alta o baja Edad Media, por real corrupción religiosa. Así toma, como ejemplo, la historia que comenzó a circular en el siglo IX, cuando se trataba de un sacerdote que vendió su Alma al Diablo a cambio de honores y riquezas. Arrepentido obtuvo por sus oraciones y penitencias a la Virgen el rescate del documento. Este fue uno de los modelos preferidos de los predicadores al pueblo, llegando así la gente a familiarizarse con esta versión temprana de la historia del doctor Fausto. De allí sin duda la recogió Goethe. Por otra parte, sigue Brazeiro, la Inquisición arrancaba a los infelices confesiones disparatadas, que se tomaban por ciertas y así se divulgaban entre el pueblo. Estas credulidades llegaron al Plata por un camino natural. Vinieron con las familias inmigrantes que poblaron estos campos. Admitiendo la vía marítima, no se olvida este autor de la terrestre, muy usada en su tiempo. Esta atravesaba el Caribe y las Antillas, bajaba al Pacífico para trepar al Altiplano. Pero como en estas regiones se cultivaban falacias muy parecidas a las europeas, esto asombró a los misioneros, que atribuyeron esta difusión universal, a la obra del Diablo que se les había adelantado a llegar a América. De aquí nos viene el color americano de la mayoría de estas creencias. Por este camino terrestre, pegadas al cuerpo flaco y ardiente de los frailes predicadores, también llegaron las pestes; la viruela, el sarampión, la escarlatina, la tuberculosis, que diezmaban a los indígenas como precio a su evangelización. Queda una tercera ruta extraeuropea, importante -la de las supersticiones asiáticas y africanas- llegadas a la vez con los soldados portugueses que colonizaron la India y vinieron a Brasil y con los negros importados -por ingleses, holandeses y portugueses- para esclavos, que habían sido previamente sometidos por los musulmanes. Las supersticiones africanas son importantísimas, porque están vigentes y siguen arribando al Plata desde el Norte. En Brasil se cultivan desde hace mucho, tanto que ya en 1830, los negros de Bahía, sin libertad, pero con dinero, fundaron la Hermandad de San Benito y San Juan Bautista, lo que dice que esto de Brasil no es novelería, sino que tiene allí un fundamento añejo y sólido. (14) Estos ingredientes también forman parte del componente mágico de nuestra curandería autóctona, con tan fuertes influjos étnicos de variados orígenes. De ahí que profundizar en este conocimiento nos permitirá diferenciar mejor lo que es ancestral a nuestra cultura americana, y lo que es novedoso, y también cómo influye en los movimientos poblacionales que la conquista y las sucesivas invasiones e influencias sufridas por nuestro territorio, dejan como saldo final y actual. Al menos, nos permite abrir un amplio espacio para la reflexión. El encuentro de un médico con trece curanderosVolvamos ahora al Uruguay y a nuestro siglo. Ya egresaron nuestros primeros médicos de la Facultad de Medicina. En 1916 llega a Guichón (15), en el Departamento de Paysandú, el primer médico, doctor José Princivalle, quien comentando con ojo crítico las habilidades de los paisanos, señalaba: "Algunos tajean; he visto una septicemia por incisión de un forúnculo. Además pinchan los granos con una aguja (...) la bosta en las quemaduras es remedio de todos los días", y añadía "Hasta los guardiaciviles saben de Medicina. Llego a ver una mujer herida de bala: "No es nada", dice el guardia civil de facción, "yo metí el dedo". Para que tengamos una idea de la dimensión, mencionemos que en Guichón, cuando llegó en 1916 el primer médico titulado había en total 13 curadores. "Hacía pocos años (había ejercido) un matrimonio italiano que llegó a hacer fortuna. El se titulaba médico (...) a ella le decían doña Lina. Ambos ejercían y con muy buena clientela. Vino después el doctor P., médico español con título que no revalidó (...) pero ejercía el cargo de Médico de los obreros de la línea del ferrocarril a Piedra Sola". Cuando llegó Princivalle se marcharon dos españoles que también ejercían sin título, pero quedaron: otro que se decía titulado, al norte del Queguay; el "doctor S. de Las Flores, cuya verdadera profesión era maestro de escuela"; la Negra Adriana; el Negro Pedro que se titulaba simplemente "cirujano"; el moreno Juan Camilo; dos compositores de huesos; tres homeópatas; tres que curaban con agua fría, uno de ellos "fuerte hacendado"; también había "algunos pulperos que de paso venden la droga". En total, 13 curadores frente al primer egresado de la Facultad de Medicina de Montevideo que se veía por esos lugares. Una de nuestras cuatro primeras mujeres médicas, la doctora Aurora Curbelo Larrosa, (16) nacida en Pan de Azúcar en 1884, hija de Luis Curbelo Báez y Eduarda Larrosa, se graduó el 27 de marzo de 1911 en Montevideo. Su padre poseía un establecimiento hidroterápico en la ciudad de Minas, que en su tiempo mereció las críticas de los profesionales médicos por su ejercicio al margen de la Medicina. Pero la graduación de su hija, seguida de una gira por un año, entre 1911 y 1912 en Europa, visitando las principales Clínicas de Francia, Alemania, España, Suiza e Italia, le permitió publicar a su retorno un libro titulado "Fisioterapia y Psicoterapia. Impresiones y Apuntes", y más tarde asumir plenamente la dirección del Sanatorio Curbelo, ubicado en el Barrio "Las Delicias" de Minas, dedicado "preferentemente a tratamientos físico-dietéticos". Establecía en sus anuncios una tarifa por pensión con derecho a tratamiento hidroterápico, fijándose una pensión por quincena de $ 60 a 75, y $ 22,50 para los acompañantes. No obstante, para rematar la seguridad de la clínica, se estipulaba claramente que "Los enfermos postrados y los atacados de enfermedades infectocontagiosas pagaran por día". Se aclaraba al pie del anuncio, que "para tratar: en el sanatorio con el administrador", que era el padre de la doctora. De esta forma, un sanador hidropático, legitimaba su oficio. Se inicia una fuerte cruzadaCon el nacimiento del siglo y la irrupción imparable de la ciencia, las Facultades de Medicina, en ambas márgenes del Plata, comenzaron a entregar médicos formados académicamente a sus comunidades. Los profesionales organizados reconocieron prontamente que parte importante de su imposición en el mercado de trabajo, pasaba por desplazar a todos los impostores que competían, sin ciencia ni conciencia, por su misma clientela. De ahí que se repitan, tanto en Argentina, como en Uruguay, noticias cada vez más frecuentes, en las primeras décadas del siglo, sobre curanderismo, charlatanismo e intrusismo, que es permanentemente denunciado ante los poderes públicos, y en la prensa diaria, así como en los medios de comunicación profesional de la época. En este panorama viene a la vida nacional el Sindicato Médico, que funciona desde el 11 de agosto de 1920. Desde sus inicios ocupa su atención la lucha contra el intrusismo y el ejercicio ilegal de la medicina, al que denuncia sistemáticamente. Vale la pena revisar las publicaciones más antiguas del Boletín del Sindicato Médico, entre los años 1921 y 1930, para ver la frecuencia de artículos relativos a este tema, la exposición de denuncias concretas, y lo pintoresco de algunos personajes. Resulta pintoresca la descripción que realiza Julio Mañana Cattani, en su "Historia del Sindicato Médico del Uruguay", (17) cuando transcribe del Boletín de la Institución, un artículo del doctor Víctor Zerbino, uno de los fundadores, que resumiendo la labor del primer año del novel Sindicato, decía: "Los colegas estaban ansiosos de ver surgir nuestro sindicato sobre la arena pública, de cota y adarga, como un nuevo desfacedor de entuertos, para meter en vereda a más de un malandrín, o algún follón de peor cuño, para liberar a cautivas princesas y para ... derribar molinos de viento". José F. Arias, uno de los fundadores, y luego Ministro de Industrias, legislador y refundador de la Universidad del Trabajo, proyectaría la reorganización del Consejo Nacional de Higiene, introduciendo importantes reformas sobre ejercicio ilegal de la medicina, ya que tal acción era casi impune por ese entonces porque, probado delito, los fiscales no tenían apoyo jurídico para sancionarlo. Y cuando lo hacían, la multa era de 100 pesos. Atilio Narancio, en las primeras páginas del mismo Boletín del SMU, bajo el seudónimo de "Juan Jacobo", con el que también escribía artículos en el diario El Día, señalaba: "Charlatanes, impostores, que buscan medrar fundándose en la ignorancia de la gente sencilla, exageran su acción nociva, validos de la impunidad legal. Porque, dígase bien alto ya que se dirá la verdad, ¿en qué pueden perjudicar a estos embaucadores 100 pesos de multa si ellos a la primera víctima se los van a extraer poco a poco, pero con exceso? Vuelven a intensificarse las denuncias sobre actos criminales cometidos por ellos y vuelven a aparecer en la prensa esos avisitos capciosos en que se invita a la numerosa clientela que reclama los servicios del charlatán X, a concurrir a su nuevo domicilio, donde hará el sacrificio de curarlos. De Mercedes, de Artigas, de Minas recibimos cartas de médicos que se hacen responsables de las verdades que denuncian." Si el enfermo bajo el ejercicio ilegal de la medicina, llegaba a fallecer, se le sancionaba con 40 días de arresto. Alfredo Vidal y Fuentes, hombre oriundo de Minas, a la sazón presidente de la Comisión Nacional de Higiene, pedía que se les castigara como a vulgares homicidas. El ejercicio ilegal de la medicina en los años 20 era realizado impunemente por sacerdotes (Padre Villa), boticarios, la mayoría de los farmacéuticos no era idónea (no existía la Facultad de Química, fundada en 1926, y Farmacia se enseñaba en la Facultad de Medicina). Los boticarios ejercían libremente la medicina en sus negocios, pues se habían transformado en verdaderos enemigos de los médicos. La ejercían también el naturalista español Carbonell, el curandero Penadés, y tantos otros. Pero el cura Tomás Villa, fue el primer y más importante objetivo, en esta materia, de la tarea llevada adelante por el Sindicato Médico para combatir el intrusismo y curanderismo en nuestro país. En la primera década de su existencia, el Sindicato Médico hizo de esta causa una auténtica cruzada. No hay prácticamente número de su Boletín mensual, que no contenga una o varias denuncias y menciones sobre publicidad de curanderos, sobre sitios donde se realizan estas prácticas, noticias de gestiones ante los Poderes Públicos, en todo el país, con frecuentes notas a los Jefes Políticos (Jefes de Policía) del interior, señalando casos concretos de intrusismo, y en números posteriores, actos de reconocimiento por la eficaz acción de esos funcionarios públicos, celosos del deber y defensores de la ley, que perseguían a los infractores. Ya en el número 1, de enero de 1921, (18) se encuentra en página 2 un suelto, dentro del capítulo de Datos útiles, titulado Ejercicio ilegal de la Medicina, que nos permite ver la fuerza con que tomaban esta tarea y los medios de que se valían: "Ha sido motivo de preferente atención este importante problema. Se ha ejercido una tenaz persecución contra la publicidad que aparece en las reveladoras columnas de la prensa diaria, llevando a conocimiento del Consejo Nacional de Higiene las denuncias respectivas y pasando al Círculo de la Prensa y a los directores de diversos periódicos notas haciendo ver la conveniencia de fiscalizar esa publicidad ilegal y escandalosa. En una muy importante revista se obtuvo la desaparición de un aviso del muy conocido Vernengo Queirolo ante la alternativa de la supresión de todos los avisos médicos que en ella figuraban." En el número 3, de abril de 1921, (19) bajo el título de "Farmacias donde se ejerce ilegalmente la medicina", se transcribe una nota fechada el 31 de marzo, dirigida a todos los farmacéuticos y propietarios de farmacia de la República, que dice así: "Señor Farmacéutico: El Comité Ejecutivo del Sindicato Médico del Uruguay se hace un deber en dirigirse a usted, en nombre de respetables derechos profesionales, para llamarle la atención sobre la situación evidentemente irregular de algunos farmacéuticos, que al amparo de una legislación incompleta y débil, se dedican públicamente al ejercicio de la medicina, no solamente en sus oficinas, sino también en el domicilio de los enfermos. No puede dudarse que establecidas por la ley las lógicas limitaciones de ambas profesiones, los hechos que señalamos y que afectan materialmente los intereses del Cuerpo Médico, reflejan sobre el Cuerpo Farmacéutico un perjuicio moral evidente que sus componentes no pueden por su propio decoro aceptar sin observaciones. La cordialidad de relaciones que debe existir entre profesionales cuya colaboración mutua es indispensable para el bien de la comunidad, nos obliga a solicitar su apoyo para la represión enérgica de esos hechos que entran en la órbita de disposiciones penales expresas. El Sindicato Médico tiene en su poder y continúa acumulando la documentación necesaria para obtener, en determinada, y tal vez próxima oportunidad, la acción rápida y eficaz de la Justicia y tiene la certeza que todo farmacéutico que ejerza honestamente su profesión, lo acompañará en su campaña de saneamiento profesional. Esta circular, que no tiene ningún carácter agresivo ni conminatorio, está destinada a establecer claramente que el Sindicato Médico, respetuoso en extremo de los derechos ajenos, está firmemente dispuesto a no permitir que los de sus componentes sean lesionados por personas legalmente inhabilitadas para el ejercicio de la Medicina. Saludan a usted con su mayor consideración. Augusto Turenne al pie dejaba constancia que al Centro Farmacéutico se le envió nota especial comunicándole tal circular y solicitando su valiosa cooperación. Agregando: "Nos place dejar especial constancia de que hemos recibido múltiples comunicaciones de farmacéuticos y propietarios de farmacia, aplaudiendo nuestra conducta y ofreciéndonos todo el apoyo para proseguir esa campaña moralizadora que llevaremos adelante por todos los medios adecuados... Y lo que sea sonará y tal vez bien pronto." Y en el mismo número, sin duda con una redacción periodística muy ágil y con reflejos muy vivos, se daba como información de último momento: "Importante Nota del Centro Farmacéutico Uruguayo En contestación a la nota especial enviada al Centro Farmacéutico, el Sindicato ha recibido la siguiente importante comunicación: Señor Presidente: Al acusar recibo de su atenta nota y de la circular que el Comité Ejecutivo del Sindicato Médico del Uruguay, que usted tan dignamente preside, ha dirigido a todos los farmacéuticos del país, cúmpleme manifestarle que el Centro Farmacéutico Uruguayo acepta complacido la colaboración solicitada con el fin de emprender una campaña moralizadora de ambas profesiones, pues aprecia en su justo valor la conveniencia de una acción conjunta para beneficio y dignificación de aquellas. Firmados: Víctor Copetti, Presidente Para que no quedaran dudas de las reales intenciones del Sindicato que daba sus primeros pasos, señalaba a texto corrido, bajo el título: "Contra el curanderismo Estamos decididos a extirpar el ejercicio ilegal de la Medicina en sus múltiples aspectos: ya sea ejercido por Curanderos, Boticarios, Profesores naturistas, Homeópatas aficionados, falsos Practicantes, Sacerdotes misteriosos, etc. En un caso reciente denunciado por dos estimados colegas del departamento de Minas, el Comité Ejecutivo resolvió enviar notas al señor Jefe Político del departamento y al Juez Letrado Departamental correspondiente solicitando su valiosa influencia para poner en vereda al audaz curandero. Será el primer aviso. ¡La cárcel puede ser el segundo! Pedimos encarecidamente a todos los colegas, de toda la República, que nos envíen sus denuncias respecto a este tópico con todos los datos y testimonios para que la represión que hará el Sindicato pueda ser en cada caso, enérgica, rápida y eficaz." Y en la página siguiente, bajo el título de "Fantasía sindicalista", toma de L'Avenir Medical, una poesía del doctor Dubuisson (Figeac) que en sus primeras estrofas nos da la pista de la etimología de nuestro Sindicato: "Syndicat, ce mot vient du grec Diké, justice, et sun, avec; J'ai trouvé ca dans mon Larousse..." En el Boletín Nº 4, de julio de 1921, (20) bajo el título se da a conocer una Declaración del Comité Ejecutivo que dice así: "En presencia de un reportaje publicado en un periódico de la capital de fecha 16 de mayo corriente, referente a la prisión del curandero señor Villa el Comité Ejecutivo del Sindicato Médico del Uruguay se hace un deber en llevar a conocimiento del público lo siguiente: 1º Que está plenamente comprobado que dicho curandero fue sorprendido por las autoridades judiciales en infraganti delito del ejercicio ilegal de la medicina. Estas declaraciones del Comité Ejecutivo responden a los fines constitutivos del Sindicato Médico de legítima protección gremial y a sus firmes propósitos de saneamiento profesional y de enérgica defensa de los altos intereses de la salud pública. EL COMITÉ EJECUTIVO." La lucha contra el curanderismo, no se limitaba a denunciar casos concretos en todo el territorio de la República, sino que también a publicar empeños semejantes de la profesión médica en otros países, en Argentina, (Boletín Nº 4, julio de 1921, bajo el título "Curanderismo en la Argentina"), (21) o en los Estados Unidos "Estadosderismo", (22). Veamos este último artículo, que muestra una manera moderna y eficaz, que se daban los colegas americanos para la lucha contra el flagelo: He aquí, grosso modo y sintetizado, en qué se basa este procedimiento. Tomamos un Estado cualquiera de los que componen la Unión, California como tal. El Estado de California cuenta aproximadamente con 22.000 médicos; estos médicos están íntimamente asociados y contribuyen cada uno con una cuota mínima de diez dólares, que suman la cantidad de 220.000 dólares al año. Esta cantidad la disponen, entre otras cosas, al sostenimiento de un cuerpo de cuatro abogados especialistas en estos asuntos, que se turnan de dos a tres meses, y a los gastos inherentes a sus funciones. Cuando un médico asociado tiene conocimiento de un curandero que ejerce por cualquier medio, no hace más que enviar a la secretaría de la sede social, el nombre y domicilio del sujeto e inmediatamente pasa a cargo de los abogados de turno, los cuales entran en actividad, echando mano a medios adecuados a la naturaleza del curandero; mandan enfermos previamente disciplinados y en forma tal, que en poco tiempo reúnen las pruebas necesarias para presentar la acusación respectiva. Uno de los abogados, que se turna a su vez con el otro, es el que corre con los trámites principales; el otro, sirve de ayuda y responde a consultas de su colega en caso necesario. El tiempo en que los letrados deben evacuar totalmente la causa, no pasa de tres meses, contados desde la remisión del nombre y domicilio del delincuente y los resultados que este sistema le proporcionó a esa asociación médica fueron de lo más satisfactorio, pues yo no he sabido que se haya librado uno solo de los curanderos llevados ante la Justicia de ese Estado; por otra parte, la acción de los abogados debe ser absolutamente certera, pues es suficiente haber fracasado en una sola acusación, para ser exonerado en su puesto, y como ellos son bien remunerados, lo cuidan como cosa que les pertenece." Para no fatigar la atención y paciencia de ustedes, finalizaremos mencionando, por ser el hecho más destacado y notable de la época, el remate que dio el Sindicato Médico del Uruguay al Presbítero señor Tomás Villa, cura párroco de la Catedral de Montevideo, y archidenunciado curandero, con las notas cruzadas entre el Sindicato Médico del Uruguay y el Arzobispo de Montevideo, que pusieron fin al asunto. (23) "Montevideo, mayo 27 de 1925 Señor Arzobispo de Montevideo, El Sindicato Médico del Uruguay se dirige a V.S.I. para exponer lo siguiente: Y esa noble misiva, verdadero ejemplo de conducta sindical, recibió esta condigna respuesta: Montevideo, 2 de junio de 1925 Señor doctor don Roberto Berro, Distinguido señor: En mi poder la atenta nota que, con fecha 27 del pasado Mayo, en nombre de la honorable Institución que usted tan dignamente preside, ha tenido usted a bien dirigirme, denunciando procederes incorrectos del señor Pbro. don Tomás Villa, relacionados con el ejercicio ilegal de la medicina. En contestación, debo manifestar a usted que lamento sobremanera el presente desagrado, motivado por un abuso que, no solamente violaría las leyes del Estado, sino que sería, también contrario a los Sagrados Cánones de la Iglesia. Para satisfacción y tranquilidad de usted y de los demás miembros de esa benemérita Institución, cúmpleme, asimismo, manifestar a usted que, en atención a la denuncia presentada, la Autoridad Eclesiástica ha iniciado ya las investigaciones del caso y está dispuesta a tomar las medidas y providencias necesarias, a fin de que el Pbro. Villa se abstenga, en absoluto, de toda práctica que, en la materia de la referencia, contravenga directa o indirectamente a las disposiciones legales. Con este motivo y agradeciendo a usted y a esa alta corporación la deferencia que han querido usar dirigiéndose preferentemente a la Autoridad Eclesiástica, en este asunto, me es grato saludar a usted y demás miembros de ese honorable Sindicato con las protestas de mi mayor estima y distinguida consideración. +Juan Francisco Aragone, Arzobispo de Montevideo" En el número siguiente (24), se ocupa otra vez del tema el Boletín, ya que el Pbro. Villa, había reemplazado a su médico cómplice por uno nuevo, un médico inglés, de dudosa reputación, el doctor Jorge Irvine. Que como corresponde, fue sometido al Consejo Arbitral, con todos sus antecedentes. Y mientras el sacro Consejo deliberaba, nuevos boletines se ocupaban, en prosa y en verso satírico, de estos personajes, con gracia sin par, en inglés y en español, para que no quedara ninguna duda al más desprevenido lector, incluso a alguno de los actores. El fallo del Consejo Arbitral, tardó pero llegó, casi dos años después (25), se resuelve: Finalmente, y para concluír este episodio, en el Boletín Nº 51, (26) se da cuenta de nueva correspondencia de Monseñor Aragone, Arzobispo de Montevideo, bajo el título: Fulmina así al Curandero Tomás Villa: "Señor doctor don José Bonaba, Señor Presidente: Acuso recibo de la nota del Comité Ejecutivo el Sindicato Médico del Uruguay, que usted preside, fecha 17 del corriente mes de Marzo, relacionada con la conducta observada por el Pbro. don Tomás Villa sobre ejercicio ilegal de la medicina. En contestación, debo comunicarle que la Curia Eclesiástica es la primera en lamentar la conducta observada por el citado sacerdote y que la Autoridad Eclesiástica ha hecho todo lo posible, por las vías canónicas, para remediar este mal, llegando hasta la prohibición del ejercicio del ministerio sacerdotal y del uso del hábito sacerdotal. En vista de que todos estos medios han sido ineficaces hasta el presente y agotados todos los recursos canónicos, la Autoridad Eclesiástica cree del caso declarar que el Sindicato Médico puede proceder por las vías legales a la sanción a que hubiere lugar. Me es grato, con este motivo, saludar al señor Presidente con toda consideración. + Juan Francisco Aragone, Arzobispo de Montevideo." Un moderno charlatán español y mediáticoSaltemos varias décadas más adelante, y en la última mitad de los 50, aparece en Montevideo el "Profesor" español Rapallo Ronco. Dice de él Brazeiro: "Un español audaz, llegó a montar una escuela espuria de medicina, para ilustrar a los médicos sobre su procedimiento electromagnético de "curación de la úlcera gastroduodenal". Llegó a la televisión con una aparatosa demostración de su sistema, allí lo veíamos rodeado de pulcros y elegidos ayudantes. (Recordamos, de paso, que no pocos medios gráficos prestaron sus páginas para que el charlatán explayara las bondades de su tratamiento y confrontara opiniones con prestigiosos médicos vernáculos, mientras atraía mediante estos ardides, numerosas colecciones de pacientes a su lujoso consultorio en Bulevar Artigas). Recordemos que el mismo Brazeiro (27) definía que "El charlatán no existe sin cómplices, en primer lugar la propaganda periodística que busca sensación, carácter muy general en la prensa rioplatense, ávida de noticias y deseosa de 'vender su espacio' en las hojas." "Todo es cartel del charlatán extranjero, que disimulará su origen criollo o local. Contribuye a la propaganda, su presencia deslumbrante, siempre 'en pose', su coche, apartamento o palacete de lujo arrendado a cualquier precio. La belleza y elegancia de sus ayudantes es otro de sus recursos fundamentales. También en presentación, ubicación, y aparente potencial económico supera por lejos a los médicos. Más todavía: trae montañas de diplomas dorados, certificados sellados, recortes, fotos donde se acompaña de personalidades influyentes. Todo esto parece destinado a demorar un ataque que se lo ve venir." Y remataba, que como regla general, "Siempre es extranjero, y basta pensar, que si fuera un sabio caído en estas playas y realmente valiera, no lo dejarían salir de su país, por discutible que fuera el régimen político. Si lo dejaron salir, fue, por sus méritos menos que mediocres o su moralidad discutida." Una historia de estos días Esa vocación por denunciar y perseguir a los que realizan intrusismo profesional, llega hasta nuestros días. Aunque con menor frecuencia, se siguen viendo episodios de personas que se atribuyen falsos títulos, y el Sindicato recibe y tramita denuncias de ejercicio ilegal, fundamentalmente del interior del país. Hace pocas semanas ocurrió la última, en una localidad cercana del Departamento de Canelones, donde un médico denunció que en el pueblo ejercía un pintoresco personaje en cuya receta se leía: Prof. Dr. Julio A. Carrero Suárez Medicina Alternativa - Masoterapia - Digitopuntura - Reflexología - Iridiagnosis - Quiropráctico M.P. INTERNACIONAL 41071 OMS Y al pie de su receta profesional, que de paso no contenía el Récipe, tenía seis consultorios y teléfonos en las ciudades de Montevideo, Pando, Buenos Aires, Fray Marcos, San Ramón y Santa Rosa. Un matutino del día 19 de mayo de 1998 (28) da cuenta de la siguiente información: en San Ramón Una persona que fue procesada sin prisión por el delito de usurpación del título de médico cobraba $ 200 por tratamiento de reuma, dolores musculares y artrosis, entre otras enfermedades. JACS, de 36 años, tenía un consultorio en la calle principal de San Ramón. Su nombre se escuchaba en las publicidades emitidas por la radio y la televisión por cable, aunque especificaba que era profesor de terapias alternativas, como masoterapia, digitopuntura, reflexología, iridiagnósticos, quiropraxis y electromanoterapia. Varios pacientes suyos consultados por La República coincidieron en señalar que JACS no realizaba actos médicos y que nunca aplicó una inyección. Los testimonios "Él hacía terapia de alternativa: no era un doctor. Acá (en San Ramón) hay mucha gente conforme con lo que hacía. El nunca ocultó nada", señalaron nuestros entrevistados. Uno de ellos explicó que la persona procesada tenía cerca de 26 títulos sobre medicina de alternativa expedidos en la República Argentina. "El problema es que JACS no los revalidó", añadió. Con sus técnicas, según sus pacientes, curaba o calmaba enfermedades como artrosis, reuma, lumbago, contracturas, problemas cervicales, dolores musculares, estrés, insomnio, debilidades psicofísicas, celulitis y obesidad localizada. Durante los primeros tiempos de estadía de JACS en San Ramón, adonde llegó hace ya un año y ocho meses, su consultorio se llenaba de pacientes. Dos veces por semana llegaba a San Ramón, daba sus consultas (los días de pago del BPS, agregamos nosotros, cosa que no hizo constar el periodista) y retornaba a su casa cerca de Pando. Con el pasar de los meses, la clientela decayó. Las consultas pasaron a ser una por semana y cuando la demanda aumentaba, hacía dos sesiones. Cada tratamiento costaba $ 200. Sin embargo, una vez atendió gratuitamente a una muchacha de escasos recursos por un reuma. "Yo me atendí con él. Y estoy muy conforme con su tratamiento", señaló otra paciente, agregando que "estoy indignada por lo que hizo la Justicia. JACS en ningún momento dijo que era un médico o que hacía medicina general". Sostuvo que el acusado "no es una persona de engañar a la gente. Por ejemplo, a aquellas personas enfermas de artrosis que le consultaban, él decía que esta enfermedad no tenía cura. Mi hermana, que tiene artrosis y no caminaba, se hizo un tratamiento con él y ya comenzó a andar." Ayer JACS se llevó todas sus cosas de su consultorio de San Ramón. Una paciente que lo vio señaló que "está pensando qué va a hacer. Como dice él, le cortaron los brazos. No puede atender en Uruguay y tampoco irse a la Argentina, porque no puede salir del país." Bibliografía consultada
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